Cuando el 80 % de los borradores ya no los escribe un agente de patentes, ¿qué le queda a este oficio?
Primero confesaré una cosa: en el mismo momento de escribir este artículo, este texto lleva también, de hecho, su parte de IA. Por eso, con más razón he de hablar bien a fondo de este asunto.
Hoy en día, alrededor del 80 % de los borradores de patente ya no los teclea, carácter a carácter y de su puño y letra, un agente de patentes taiwanés (profesional habilitado en Taiwán). Esto no es tiempo futuro, sino un presente continuo que está ocurriendo ahora mismo.
Cuando que la IA escriba patentes se vuelve la norma
A medida que el hecho de que la IA escriba patentes se va convirtiendo en la norma, hay una pregunta que ya no se puede esquivar: ¿cuál es, en el fondo, la verdadera baza del agente de patentes?
La respuesta desde luego no será la «cantidad producida». En cuanto a velocidad, la IA no hará más que volverse cada vez más desmesurada, y una persona no puede competir con ella.
La verdadera baza es otra capacidad, más callada: la de poder ver, en cuanto se escribe una reivindicación (Claim), qué ocurrirá unos años después.
El profano se tranquiliza al ver «concedida»; el experto solo empieza a inquietarse al ver «concedida»
La IA es capaz de redactar contestaciones de lógica fluida y citas precisas. El profano se tranquiliza en cuanto ve la palabra «concedida»; el experto, en cambio, solo empieza a inquietarse cuando se concede:
¿Qué característica técnica quedó restringida sin que nadie se diera cuenta? ¿Qué concesión hecha solo para pasar el examen se convertirá, años después y en pleno litigio, en una herida mortal?
En la era de la IA, lo más valioso del agente de patentes no es «terminar de escribir el borrador», sino, cuando el texto parece del todo correcto, ser capaz aún de ver que «en realidad no lo está».
La IA coloca ladrillos, pero no sabe qué pared no se puede derribar ni qué viga está soportando la carga a duras penas. Puede ayudarte a obtener la concesión, pero no garantiza que ese certificado gane de verdad un pleito. Ese mapa de derechos, listo para el combate real, no está en el modelo, sino en la cabeza del agente de patentes.
Del «que graba los caracteres» al «que define las fronteras»
El papel del agente de patentes se está transformando en silencio: de «el que graba los caracteres» a «el que define las fronteras» y, en última instancia, «el que responde por el resultado».
Por eso, la pregunta que de verdad habría que hacerse no es, en realidad, «¿reemplazará la IA a los agentes de patentes?». Sino esta:
Cuando la IA redacta un alcance de derechos defectuoso y nadie es capaz de advertirlo, lo que ha quedado reemplazado, ¿es este puesto de trabajo, o la capacidad misma de «juzgar el valor»?
Eso sí es la baza y es también lo que esta época menos puede permitirse subcontratar.