Años después, volver a ver «Armageddon» con mis hijos
(El texto que sigue revela detalles de la trama de la película «Armageddon»; si te molestan los spoilers, léelo con criterio.)
Por la noche volví a ver «Armageddon», esta vez con mis hijos.
Una película antigua de casi dos horas y media; había supuesto que quizá no aguantarían verla entera, pero, para mi sorpresa, la vieron de principio a fin.
Algunas cosas han envejecido, otras no
Muchas cosas, vistas ahora, ya tienen un aire de otra época. Los efectos especiales, y también el ritmo de la trama.
Pero algunas cosas no envejecen con tanta facilidad. Como una misión clara, un grupo de personas obligadas a enfrentarse a una crisis y esa decisión que, al final, siempre le toca cargar a alguien.
Cuando vi esta película de niño, lo que recordaba era la NASA, el transbordador espacial, el asteroide, las perforaciones, las explosiones, y también a Liv Tyler, a Ben Affleck y aquel club de striptease. Al verla de nuevo ahora, siento en cambio que lo que de verdad se queda contigo es el final.
Solo porque alguien no vuelve, cobra su peso
Si al final de la historia no hubiera sacrificio, esta película sería, seguramente, una más entre las bulliciosas cintas de catástrofes. Es precisamente porque alguien no vuelve por lo que cobra su peso.
Muchos años después, tras verla entera con mis hijos, me queda dentro una sensación muy sutil. Antes me sentaba yo solo frente al televisor, cautivado por la película; ahora miro a mis hijos sentados a mi lado y vemos juntos, hasta el final, aquella historia que de niño me parecía tan emocionante.
La misma película, vista de nuevo tras tantos años: lo que ha cambiado no es solo la película, sino también quien la mira, y esas pocas figuritas menudas que, entretanto, han aparecido a mi lado.