¿Compras una buena herramienta y el fabricante debería regalarte un manual secreto de maestría?
Hay quienes albergan una expectativa ingenua: que, en cuanto compran una buena herramienta, el fabricante debería incluir por fuerza un manual de instrucciones completo y detallado y, a ser posible, añadir además un «manual secreto de artes marciales» (esos libros de técnicas secretas que aparecen en las novelas wuxia de artes marciales chinas) sobre «cómo manejar esta herramienta hasta rozar la perfección».
En realidad, basta con poner unos cuantos ejemplos cotidianos para que este mito se derrumbe por sí solo:
- Compras un avión de más de cien millones de dólares taiwaneses: ¿te incluye el fabricante un manual secreto sobre «cómo llegar a ser un piloto cualificado»?
- Compras un superdeportivo de decenas de millones de dólares taiwaneses: ¿te incluye el fabricante un manual secreto sobre «cómo llegar a ser piloto de carreras»?
- Compras un coche de un millón de dólares taiwaneses: ¿te regala el fabricante todo un curso gratuito en una escuela de conducción?
- Compras un taladro eléctrico de más de diez mil dólares taiwaneses: ¿te incluye el fabricante un manual técnico secreto sobre «cómo hacer agujeros rectos y limpios»?
Si nada de esto viene incluido, ¿por qué hay quien fantasea con que, al comprar un programa de unos pocos miles de dólares taiwaneses, debería venir de regalo un manual secreto que te convierta en un maestro? La realidad es que, si existe siquiera un tutorial básico que te explique cómo abrir el software y para qué sirven más o menos esos botones, la verdad es que ya puedes darte por satisfecho.
Para aprender de verdad a manejar bien una herramienta, el primer paso es acabar con este mito. Quien está dispuesto a compartir su conocimiento merece, desde luego, nuestro agradecimiento, pero hay que entender una cosa: que un contenido se comparta no significa que quien lo comparte obtuviera ese conocimiento gratis en su momento. Buena parte se acumuló invirtiendo tiempo, dinero e incluso dando no pocos rodeos en vano. Si uno no es capaz de apreciar ni siquiera esto y vive todo el día en la fantasía de que «el conocimiento debería compartirse gratis», al final lo único que conseguirá aprender serán, probablemente, solo esas cosas gratuitas.
Por la misma lógica, quien en la comunidad se dedica sin más a hacer de «el que siempre tiende la mano» (伸手牌, quien no hace más que pedírselo todo a los demás en lugar de esforzarse por sí mismo) tampoco suele sacar gran cosa de ello. En la mayoría de los casos, lo que atrapas con la mano tendida son los desechos que otros ya no querían y soltaron sin más, y que tú, en cambio, tomas por un tesoro.
Por buena que sea una herramienta, no deja de ser una herramienta. Lo que de verdad decide hasta dónde puedes llegar es si estás dispuesto a invertir tiempo en dominarla y con qué actitud contemplas el conocimiento que los demás comparten.