La IA no nos ha hecho más eficientes, solo ha hecho a todos más ajetreados: el efecto Reina Roja
Últimamente mucha gente tiene una sensación bastante contradictoria: las herramientas de IA son cada vez más potentes, pero la vida no parece haberse vuelto más fácil.
Antes, escribir un documento podía llevar media jornada; ahora la IA genera un borrador en cuestión de segundos. En la superficie, sí que es más rápido.

El verdadero trabajo, en realidad, no ha hecho más que empezar
Pero quien lo haya hecho de verdad lo sabe: el instante en que sale el borrador es el instante en que el verdadero trabajo apenas empieza: revisar, añadir material, buscar errores, reescribir la lógica y luego comprobarlo una vez más. Después de un día entero de ajetreo, al final sueles darte cuenta de que te has pasado el día entero «revisando borradores».
Y luego, otra cosa ocurre también en silencio. Cuando todos empiezan a usar IA, el listón sube junto con ella. Antes, terminar un informe en un día era de lo más normal; ahora, a mucha gente le asalta un pensamiento: «¿Esto no lo saca la IA en unos minutos?».
Y así, la eficiencia aumentó, pero las expectativas se hincharon junto con ella.
Aquella frase de la Reina Roja
Esto me recuerda una frase que dijo la Reina Roja (Red Queen), salida de la pluma de Lewis Carroll:
«Tienes que correr sin parar solo para quedarte en el mismo sitio.»
En la era de la IA, mucha gente está en realidad subida a una cinta de correr que no deja de acelerar. Aceleran con desesperación solo para no quedarse atrás.
¿Estamos usando las herramientas o ayudando a las herramientas a acelerar el mundo?
La tecnología ha traído, sin duda, eficiencia. Pero si el tiempo que ahorramos acaba canjeándose solo por más trabajo y expectativas más altas, entonces, a veces, uno no puede evitar hacerse una pregunta:
¿Estamos, en el fondo, usando las herramientas, o estamos ayudando a las herramientas a acelerar este mundo?